lunes, 13 de julio de 2015

Las acequias de Bullas en la década de los años 50 del siglo XX


El artículo describe una época en la que las casas no disponían de agua corriente y había que aprovechar la disponible en los manantiales cercanos a las poblaciones tanto para consumo personal como para realizar las labores básicas de limpieza. Por supuesto tampoco se disponía de servicios de alcantarillado para las aguas residuales y en la mayoría de los casos los residuos se utilizaban como abono para los sembrados.


(Aclaración: Para ver alguna de la fotos de manera completa es necesario desplazarse de derecha a izquierda con la barra inferior de la pantalla)

La zona de la comarca del Noroeste de la región de Murcia donde está ubicada Bullas fue lugar de frontera con el reino de Granada desde el año 1244 hasta la toma de ésta por los Reyes Católicos en 1492.

Cuando la zona dejó de ser lugar de conflicto fronterizo a principios del siglo XVI es posible que se asentaran los primeros pobladores para aprovechar los excelentes recursos naturales de que disponía Bullas y sus alrededores, ya que tenían a su disposición numerosos manantiales de agua para regar los sembrados: el manantial de la Rafa, el manantial de los Muletos, el manantial de la Osamenta, el manantial de la Fuente de la Higuera... Las primeras viviendas se debieron construir sobre las ruinas del castillo de origen árabe, posteriormente templario y de la orden de Santiago, que dominaba la colina donde está situado el centro histórico.

Debían recogerse tal cantidad de productos que los vecinos deciden a mediados del siglo XVII solicitar al rey la independencia de Cehegín (Bullas era por esa época una aldea de este municipio) para  evitar los altos costes que suponía desplazarse a esta villa para  darles salida al mercado, ya que había que abonar los correspondientes impuestos en especies para poder hacerlo. En el año 1689 el último rey de la dinastía Habsburgo, Carlos II, conocido como “El Hechizado”, concede el privilegio de villazgo a Bullas. En un legajo que existe en los archivos del ayuntamiento está este documento que nadie, hasta el momento, ha tenido la iniciativa de digitalizar para evitar su pérdida. Existe una traducción al castellano realizada por un sacedorte a principios del siglo XX, sobre el año 1920, que posiblemente se encuentre en el archivo parroquial. El documento empieza con gran cantidad de páginas resaltando los títulos que tenía el último monarca de la dinastía austriaca y sigue con una relación de los vecinos que solicitaron la independencia.

Hasta la desaparición de la fuente de La Rafa en los años 70 (que prácticamente coincidió con la desaparición de la línea de ferrocarril Murcia-Zaraiche a Caravaca de la Cruz) los habitantes de Bullas podían vanagloriarse de tener agua en abundancia para su consumo y para regar las huertas circundantes al pueblo con el manantial del paraje de la Murta. En este sentido, no está de más hacer un análisis de las distintas acequias, o “ramales”, que partían de la conocida Acequia principal en su margen izquierdo y que recorrían el actual casco viejo de nuestro pueblo allá por la década de los años 50 del pasado siglo. También existían otros importantes ramales que partían del margen derecho como la que salía a la altura del pino de la Murta, que regaba los campos cercanos a la Casa Alta y llevaba sus aguas hasta el paraje de Reclín, salvando la carretera de Totana a través de unos vasos comunicantes de cemento situados a ambos lados de la carretera). Es posible que estás acequias fueran construidas en la década de los años 20.

La línea roja muestra el itinerario que seguía la Acequia principal del manantial de la Rafa desde la fuente (a la derecha) hasta el paraje del Molinico (a la izquierda)


Panorámica de la Acequia de Bullas desde el Pino de la Murta (a la izquierda) hasta el huerto de Don Pepe (a la derecha)

A los vecinos más jóvenes esto les podrá parecer extraño, pues sólo habrán oído hablar de la famosa acequia que delimitaba el pueblo desde el paraje de la Murta hasta el Molinico, pasando de forma paralela al camino de la Murta, el camino Real, la calle de La Tercia, la calle del Rosario, la calle de la Balsa (su nombre procede del embalse que recogía el agua, situado en un lateral del antiguo cine Avenida) y la calle del Molino.

Dentro del recuadro marcado en rojo se puede ver el lugar donde estaba ubicada la balsa de Bullas (el edificio del cine Avenida estaba al lado, marcado en verde).  Dentro del recuadro marcado en azul se puede ver el edificio del antiguo lavadero municipal

PRIMER RAMAL
Eran tres los ramales que cruzaban nuestro pueblo. El primero de ellos, el más largo sin duda, partía un poco antes del “pilar de la Murta” (lugar preparado para recoger el agua destinada al consumo domestico, que disponía de unas escaleras para poder llenar los “cántaros” o recipientes hechos de barro que sirven para guardar, conservar y transportar líquidos, que luego se descargaban en las tinajas de las casas); a continuación se encontraba el abrevadero donde podían beber los animales utilizados en las tareas agrícolas. 

 En la foto aérea se muestra el itinerario del primer ramal de agua (ramal de la calle Pliego) que atravesaba el casco histórico de Bullas. Los negocios del "Motores" están marcados en verde

Este ramal pasaba canalizado por el antiguo campo de fútbol, y aparecía en el solar donde se encuentra actualmente el Colegio Obispo Rodenas (más conocido por las Escuelas Nuevas). A finales de los años 50 llegó a instalerse en ese lugar el circo francés Prin Freres, que fue todo un acontecimiento ya que por primera vez se pudo ver en Bullas un espectaculo cirquense con animales. En ese circo trabajaba un nativo de Bullas cuya familia vivía en la calle de Las Tres Marías y quiza por esa razón el circo se acercara por el pueblo para ofrecer su espectaculo a los espectadores bullenses.

 Antiguo campo de futbol. El ramal de agua lo atravesaba canalizado

En el año 1956 cayó en esta acequia una mula de la manada que llevaba sueltas un tratante de ganado, la cual tuvieron que sacar un grupo de seis personas ayudados por cuerdas.

El “ramal” continuaba paralelo a la conocida Acequia principal, en el margen izquierdo (siguiendo el sentido del agua) del camino de la Murta (ahora paseo de la Murta), naturalmente a un nivel más alto, y continuaba hasta donde se encontraba la famosa casa del fielato (oficinas que existían antiguamente a la entrada de las poblaciones, donde se cobraban los impuestos por la entrada y salida de mercancías de consumo), en la esquina del camino del río, y desaparecía por debajo de la calle Alameda hasta cruzar la calle Mediodía, justo a la altura de la Almazara que estaba en el edificio donde se encuentra actualmente la parada de autobús de la línea Murcia-Caravaca.


Camino de la Murta en los años 50. El ramal de agua estaba canalizado al lado de las casas de la foto (el edificio de la esquina era el antiguo fielato que en esos años ya no se utilizaba)

Hay que indicar que la acera de la Almazara en la calle Mediodía era, junto con la plaza, el lugar de encuentro de los vecinos más mayores, además de ser el lugar de despedida de aquellos cuando morían, ya que se encuentra en el itinerario de acceso al cementerio de la localidad. 

El número 32 de la calle Mediodía fue el domicilio de nuestra bisabuela Juana Dolores Vela Rodríguez (su marido Ginés Botía Bejar falleció en 1908 de una tuberculisis a la edad de 43 años) y sus seis hijos: Gregorio, Juan Francisco (nuestro abuelo), Ginés (que ya de mayor fijaría su residencia en Abanilla), Antonia, María Ana (falleció con 17 años el 8 de agosto de 1922 de una epidemia de tifus que hubo en Bullas, nuestra abuela Juana Jiménez estaba embarazada de mi madre, que nacería dos meses después) y Ana María.

Este primer ramal aparecía de nuevo a la luz al final de la calle Pliego y era visible en toda la calle hasta la altura de la calle Trinidad, para desaparecer de nuevo hasta lo que se denominaba “El Zucachón”, un túnel que pasaba bajo un edificio situado en lo que hoy es el pequeño tramo que comunica la calle Pliego con la actual Avenida Nicolás de las Peñas, allí se encontraba el aserradero (solíamos visitarlo mi hermano y yo, ya que allí trabajaba Ginés, un hijo de Antonia Botía, una de las hermanas de nuestro abuelo Juan, que entonces vivía en el barrio de la Estación y que posteriormente trasladó su residencia al barrio de Villafranqueza, también conocido como El Palamó, de la ciudad de Alicante). El edificio de pisos que hay situado frente al campo de fútbol era un gran aserradero de madera al que se accedía desde la calle Pliego, ya que toda la zona donde se sitúa el campo de futbol y el actual cuartel de la Guardia Civil era el paraje de la Cañada de los Olmos, y sólo había un camino que subía al actual barrio del Paraíso (el nombre viene del lugar donde estaba situado el primer cementerio de la localidad, que fue demolido a finales del siglo XIX), paralelo a la calle Pliego, que daba servicio al molino harinero del “Motores” (Antonio Pérez Ortega). Este ramal se utilizaba también para llenar los depositos de agua del horno (así se llamabán las panaderías antigüamente) y los negocios de yeso y cemento que el "Motores"  disponia en el camino del Paraiso (hoy Avenida Nicolás de las Peñas).

No se puede dejar de lado la enorme vuelta que había que dar para acceder desde la calle Trinidad al barrio de  la Cruz, ya que era necesario atravesar la calle Pliego para luego tener que ir caminando bien por la carretera o por el entonces denominado Camino Viejo (hoy Avenida de la Cruz) en dirección a la calle Hospital de esta barriada de Bullas. 

Este itinerario lo conocíamos muy bien toda la familia ya que era el que teníamos que seguir para visitar a nuestros abuelos. A la vuelta de la visita solíiamos hacer una parada en casa de Ana María Botía (una hermana de nuestro abuelo que vivía en el número 9 de la calle Pliego y que en los años 60 se trasladaría a Mataró con toda su familia por motivos laborales).

Nuestros abuelos Juan Francisco Botía y Juana Fernández. El abuelo era un habitual de las reuniones de mayores en la acera de la Almazara

“El Zucachon” era el tramo final de este primer ramal y el agua caía de éste en cascada para regar los campos situados entre el paraje de la Cañada de los Olmos, el barrio de la Cruz y  el barrio del Ventorrillo, atravesando los hermosos olmos, que daban nombre a la cañada. Los olmos estaban situados en los laterales de la carretera de Cehegín y llegaban desde el cruce con la calle Pliego hasta el paraje donde se situaba la Venta, hoy desaparecida  (estaba ubicada en la actual curva de la autovía Murcia–Caravaca, en el acceso del Ventorrillo).



En la foto se ve el aserradero (marcado en azul)  y a la izquierda el edificio donde se encontraba el “zucachón” (marcado en rojo)

No hay que pasar por alto que el “zucachón” también servía de aliviadero en las grandes riadas que se producían en las tormentas, ya que la calle Trinidad era un autentico río que desembocaba en el número 34 de la calle Pliego. Los habitantes de este domicilio vieron su casa inundada en más de una ocasión.

En la parte baja de la foto se puede ver el camino del Paraíso, por encima de éste algunos de los huertos que regaba el ramal de agua de la calle Pliego (línea verde). A la izquierda se encuentra la calle Trinidad que finaliza en el edificio que siempre se inundaba en las grandes riadas (marcado en azul), a la derecha el edificio de la Almazara (marcado en rojo)

SEGUNDO RAMAL
El segundo “ramal” de la Acequia principal que cruzaba Bullas era un misterio donde comenzaba, ya que parecía que nacía en la Torre del Reloj, pues había una mina, túnel, antes de la curva del calle Serranos (frente al actual número 16), al lado mismo de una taberna (la taberna del Manco, que estaba situada frente a donde finalizan los números impares de la calle Pañeros), en la que solían jugar al dominó nuestro tío Julián (Julián Botía) y nuestro vecino Curro (Ildefonso Jiménez), con lo cual daba la sensación que el grifo del agua lo habrían desde la barra de la taberna. El “ramal” continuaba al aire por toda la calle Serranos (el tramo paralelo a Pañeros) hasta las Cuatro Esquinas, la pequeña plaza que comunica la calle Pañeros y Serranos con la avenida de Cehegin.

En la foto de la derecha se muestra el lugar donde brotaba el agua del segundo "ramal", era en el edificio de nueva construcción que tiene unas ventanas de cristal en su parte superior. En la foto de la izquierda se pueden ver las Cuatro Esquinas (la acequia estaba situada por el camino que recorre la señora que aparece en la foto), la canalización se realizaba en la misma placeta.

El ramal era canalizado en las Cuatro Esquinas y desaparecía para cruzar la avenida de Cehegín, por lo cual no se podía saber si continuaba por la calle Castillo o por dicha avenida de Cehegín; pero sin embargo aparecía de nuevo en la calle Nieve Alta, esquina con la avenida de Cehegín, justo en la casa que entonces era propiedad de Antonia Sánchez, “la de las Medias”, y seguía por la calle Noguera, antes de llegar al negocio de almendras del Navarro (propietario también de los cines de invierno y verano que entonces había en Bullas). 

En la calle Serranos, aproximadamente en el tramo medio paralelo a la calle Pañeros, se abría una vía de agua para llenar los depositos del horno o panadería que existía en aquel tiempo en dicha calle Pañeros.


Segundo ramal de agua que atravesaba el casco histórico de Bullas, La línea roja muestra el itinerario conocido del ramal (es posible que el túnel siguiese el itinerario marcado en azul desde el final de la calle Pliego). El circulo marcado en verde era la almendrera del Navarro

El ramal desembocaba en la parte trasera de la antigua casa cuartel de la guardia civil para regar todos los campos del área comprendida entre el Camino Viejo y el Ventorrillo.

 En la foto se muestra parte del área de riego del primer y segundo ramal de la acequia. También se puede ver el comienzo del Camino Viejo y el antiguo cuartel de la guardia civil

TERCER RAMAL
Por último, el tercer ramal, el más corto, tenía su origen en la Acequia principal, un poco antes de su llegada al lavadero municipal, continuaba canalizado por debajo del negocio de almendras de los hermanos Pérez (conocidos fabricantes de conservas hoy en día), atravesaba la calle de la Tercia para salir en la bajada de la calle de la Mina (de ahí viene el nombre de esta calle, cuyo origen debe ser el túnel construido a este efecto), se dirigía a continuación hacia la calle Honda (hoy calle Juan de la Gloria Artero) para doblar por la Travesía de la Mina (cruzando la calle Castillo) hasta la Puerta Ginesa, donde desembocaba en una balsa que allí había.

Tercer ramal de regadío que atravesaba el casco histórico (el recuadro rojo de la derecha muestra la balsa de la Puerta Ginesa). Dentro del recuadro marcado en verde se puede ver el edificio del lavadero municipal

  El recuadro en rojo muestra parte del lavadero municipal

Indicar, por último, que existía un sendero que comunicaba el Camino Viejo (actual avenida de la Cruz) con la Puerta Ginesa rodeando el pueblo y que los vecinos del barrio de la Cruz lo utilizaban con asiduidad para acceder a la plaza del pueblo, así se evitaban los problemas de colapso de tráfico que se originaban en la avenida de Cehegín (el tramo comprendido entre la calle de la Tercia y la calle del Castillo era tan estrecho que cuando pasaban dos vehículos grandes, camiones y autobuses, en cada sentido de la circulación tenían que detenerse y subirse en la acera para poder cruzarse). La avenida de Cehegín era la única vía que había para ir de Murcia a Caravaca y viceversa, en esos años no existía circunvalación alguna y los vehículos tenían que atravesar el centro de Bullas por un conjunto de calles estrechas.


La línea roja muestra el itinerario del atajo que conducía desde la casa de nuestros abuelos a la plaza del pueblo

Solían tomar este atajo nuestros tíos Ginés, Julián y Gregorio para ir de la casa de nuestros abuelos (Juan Botía y Juana Fernández, sus padres), situada en la calle Hospital número 16, a la plaza. La casa es hoy el Hogar del Pensionista y fue construida por nuestro bisabuelo Julián Fernández Amor para vivir con su mujer Catalina Jiménez Martínez y sus hijos Roque, Alfonso (falleció el 12 de noviembre de 1918 en este domicilio de una neumonía gripal, tenía 21 años), Juana, José, Irene y Julián.

Nuestro bisabuelo Julián Fernández Amor

2 comentarios:

  1. Sencillamente un gran trabajo ilustrativo y conmovedor para los que, aún en la lejanía,no renunciamos a nuestros orígenes. Muchas gracias.

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  2. De nada, es un placer poder recordar otros tiempos que vivimos.

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